El escándalo vende, no cabe duda, pero no siempre va
ligado, en lo periodístico, a la confiabilidad; algunos medios desestiman la
inteligencia del lector y, con tal de vender más, tergiversan las noticias, otros
la exageran, pero hay unos más que, sin pudor alguno, las inventan,
desacreditando el oficio de informar a grados preocupantes.
Este lunes nos amanecimos con un encabezado alarmante:
hallan cuerpo de mujer descuartizada dentro de una bolsa de plástico; de
inmediato el alarmismo, la venta indiscriminada del rotativo que tenía la
noticia en primera plana, a ocho columnas, cuyo lugar, en todo caso, le
correspondía a la sección de policiacas; la página de internet saturada para
ver de quién se trataba.
Ante un torbellino como ese, es muy difícil hacer un control
de daños efectivo. Pero la Procuraduría General de Justicia del Estado, en un
comunicado oficial de Félix Humberto Vuelvas, desmintió categóricamente el
hecho. No existió tal cuerpo descuartizado; no hubo por tanto movilización de
los elementos policiacos para atender esa situación. Una mentira rotunda de los
medios que dieron por cierta la versión de la mujer dentro de una bolsa de
plástico.
El desmentido corrió por todos los medios electrónicos y
las redes sociales, pero el sensacionalismo ocupó la atención de la gente que
compartió y se indignó por la supuesta mujer descuartizada; aquí los medios de información
juegan un papel muy importante, puesto que por ellos es que la sociedad se
entera de prácticamente todo, por lo que dar a conocer mentiras a medias, o
medias verdades, o incluso inventos amarillistas, cala en el ánimo de la gente.
¿Qué se debe hacer entonces? Sencillo: exigir a los
medios de comunicación mayor rigor y profesionalismo; ignorarlos cuando
pretendan engañar al lector con noticias fantásticas, fuera de la realidad, o
con el único objetivo de vender más a costa de la preocupación de los
familiares de la presunta víctima, o de la estabilidad emocional de quienes, al
percibir inseguridad en sus calles, no quieran salir o lo hagan con miedo.
Un acierto de la PGJE no dejar pasar más tiempo para hacer
las aclaraciones pertinentes, porque de otra forma la noticia hubiera sido
retomada en los medios de México e incluso de otros países y el gobierno de
Colima sería cuestionado severamente, haciendo hincapié en feminicidios
brutales, sádicos, con el sello del crimen organizado y del narcotráfico.
Por más fuerte que sea la voz oficial, se hagan
desmentidos, se aclaren las dudas, siempre quedará un halo de sospecha, pero
eso ya no le compete a la autoridad sino a los medios de información que, con
el poder de sus palabras y letras, pueden crear psicosis entre la gente; por
eso la insistencia en que sean más exigentes con ellos, que les den un ultimátum:
o informas objetiva y verazmente o te dejamos de leer. Así de fácil.
No hay peor cosa para un periodista que no ser leído o
ser ignorado. Tal vez eso es lo que les falta para retomar el camino de la
ética y el profesionalismo, pero eso le corresponde única y exclusivamente al
lector, que es consumidor de las noticias.
José Antonio Salazar Rodríguez
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